martes, 12 de enero de 2010

Los martes

Hace 5 años y medio que deje de trabajar como maestra para convertirme en una ama de casa, o como dicen por aquí, "stay at home mom". Antes de esto pensaba que ser ama de casa era muy fácil. Voy a tener todo el tiempo que quiera para limpiar, para cocinar, atender a los niños, ir hacer ejercicios, ir de compras, almorzar con mis amigas, y estar muy arreglada cuando mis esposo llegara a la casa. Bueno, la realidad era otra, muchas de las cosas son posible de realizar, pero muchas cosas tendrán que esperar hasta el siguiente día. A eso de las tres de la tarde la energía no me daba para mas y era cuando me tomaba una lata de soda, para que la cafeína me diera un poco mas de energía. Algo que nadie me había dicho es, que ser una ama de casa es un oficio que aveces puede ser bien solitario.

Hay días que durante todo el día mi conversaciones con una persona adulta no exceden de un hola. Yo no soy una persona de llamar amigas por teléfono a diario, y tener conversaciones largas. Yo soy de esas personas que les gusta tener la persona de frente, especialmente si hay cosas importante que decir. No se si porque soy bien visual, y cuando hablo por teléfono me distraigo con las cosas que me pasan alrededor y solo hay unas cuantas personas que pueden mantener mi atención activa por largo rato en el teléfono.

Dos veces por la mañana, me iba a caminar con una de mis amigas que vive cerca de mi casa. Aveces esos 30-40 minutos de "ejercicio", era el momento donde menos me sentía sola durante el día. Hasta que un día dentro de nuestras platicas, hablamos de la soledad de la ama de casa, y como seria interesante vivir en comunidad, donde uno comparte diferentes quehaceres, se ayudan unos a los otros, y al final del día cada cual se va a su casa. Por varios días pensé, en esta situación, y en que podría hacer para cambiarla, especialmente en la hora mas difícil del día, donde uno estas cansada, los niños están cansado, y todavía hay que cocinar y hacer veinte mil cosas.

Fue cuando se me prendió el bombillo de la cabeza. Así que la próxima semana decidí hablar con mi amiga sobre la idea que me estaba dando vuelta en la cabeza. Una vez a la semana ella iba a venir a mi casa, a eso de las 4:30-5 de la tarde, me acompañaba en la cocina, mientras yo cocinaba, quizás con una copa de vino, ya que de seguro voy a usar vino en la receta. Nuestros hijos podían jugar hasta que la comida estuviera lista, después nuestros esposos no empañarían a comer cuando llegaran del trabajo. A ella le gusto la idea, especialmente porque no iba a ser algo informal, y las comidas no tenían que ser espectaculares, y ya para las siete de la noche, la otra familia, se va para su casa. Fue cuando decidimos que el mejor día para esta nueva aventura iba a ser los martes y cada semana íbamos a comer en la casa de la otra.
Nunca pensé que algo tan sencillo cambiarían la forma en como me iba a sentir el resto de la semana. No solo nuestra amistad se ha hecho mas fuerte, sino que también la amistad de nuestros hijos y esposos.

Ahora cada martes espero por la compañía de la familia de mi amiga, la cual hace que mi trabajo no sea tan solitario, aunque sea una vez a la semana.

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